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Negocios de larga trayectoria respaldan el Buen Fin

Martes, 21 de Noviembre de 2017

ás de 70 años de tradición joyera con apuesta a la tecnología



Mérida, Yucatán,19 de noviembre de 2017.- Don Francisco Ricalde Pons, heredero de una tradición familiar de 74 años, reconoce con soltura que es más comerciante que platero pues la mejor recompensa a su trabajo es cuando un cliente queda fascinado con una joya Ricalde, pues quien se va contento con seguridad regresa.


En charla con el titular de la Secretaría de Fomento Económico, Ernesto Herrera Novelo durante un recorrido por Plaza Fiesta con motivo del Buen Fin, el empresario que fundó Joyería Ricalde hace 47 años, recomienda la actualización y la capacitación constantes como claves para mantenerse vigentes en cualquier negocio.


Ricalde Pons admite que para su familia no fue fácil pasar de los métodos artesanales a la automatización que tienen actualmente. Fue hace unos cinco años cuando empezaron a implementar procesos robotizados que les permite optimizar los tiempos de entrega.


El empresario asegura que el suyo “es un trabajo que no lo es, ya que es un gusto hacerlo. Es una gran recompensa cuando hacemos una pieza que tiene demanda, o se le hace una pieza en especial a un cliente y queda contento. Más allá del negocio es una gran satisfacción”, expresa.


Sobre el Buen Fin, confirma que sí se incrementan las ventas: “aunque las utilidades tal vez no son las mismas porque ofrecemos buenas rebajas, es un deleite para mí ver que llegan los clientes, ven las oportunidades y se van contentos”.

Con orgullo comparte que la mayoría de sus compradores se han vuelto un público asiduo, tanto los locales como los foráneos. “Desde los abuelos, los padres y hasta los hijos”, comenta en presencia de su esposa Yuly Chapur de Ricalde.


De lo artesanal a lo automatizado, se conserva la excelencia


“Mi padre y mi madre laboraron toda su vida en esto. Él fue relojero y platero, tuvo un taller en el que eran otros los procesos, otra la forma de producir”, relata Ricalde Pons en presencia de sus hijas Estefanía y Erika. La última es Mercadóloga y está al frente de los relucientes mostradores de la casa de alhajas.

Concluye que es necesario aceptar los cambios en la industria y las preferencias de los usuarios, así como mantener constantemente capacitado al personal junto a quienes, al final, él mismo ha aprendido las nuevas técnicas.

El empresario muestra el funcionamiento de las sofisticadas máquinas, que están a cargo de Estefanía, quien es Diseñadora Industrial. La Rebo es una de tres que existen en México y es capaz de diseñar e imprimir prototipos de joyería con gran detalle para su posterior réplica en oro, plata y aleaciones diversas.


“Con la tecnología puedes multiplicar la producción de acuerdo con la demanda a un bajo costo, con menos tiempo y prácticamente eliminando errores, correcciones y ajustes”.

Una pieza muy detallada como ésta—asegura mientras sostiene con dos dedos una diminuta figura con relieves—se hizo en hora y media; a mano nos hubiera llevado varios días.

Otro de sus equipos es capaz de grabar con precisión en distintos metales, madera y cristal: desde segmentos muy pequeños hasta una botella de champagne. Esto les permite personalizar anillos, llaveros, pulseras y objetos varios, con lo cual espera incursionar en el nicho de los souvenirs para el turismo.

Recuerda que cuando trabajaban la brillantería y la orfebrería a mano, tuvo muchos clientes satisfechos con la calidad, misma que ahora puede garantizarse con nuevos métodos, orientados a las preferencias del público de ahora.

Así don Francisco Ricalde Pons, quien se enorgullece de ser huésped pionero y fiel del tercer centro comercial que abrió en Mérida justo hace 29 años, remarca la importancia de actualizarse e invertir para ser competitivo y mantenerse vigente.
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